jueves, 30 de octubre de 2008

Maradona, opio para el pueblo

Sí, ya sé, les parece terrible que Maradona sea el técnico de la Selección Argentina. ¿Y a quien le importa que la mayoría que no quiere a Maradona sea la minoría de este país? Pregunten en los barrios bajos y las villas, en las fábricas y en las tribunas populares. Esa mayoría anónima que sostiene a los dioses paganos.


Una cosa es que el nombre circule como rumor entre otros posibles candidatos, y otra es que las tapas de todos los diarios del mundo lo confirmen: Diego DT de la Selección Nacional Argentina. ¿Qué fuerte no? Un perfecto cross a la mandíbula en plena siesta de primavera. ¿La noticia del año? ¿Y ahora? No me quiero imaginar el monumental con el diego a la cabeza de la celeste y blanca. ¡Qué esperanza tremenda genera este tipo señores!. Por supuesto que no faltarán los detractores y los moralistas que le endilguen su pasado, en relación a las drogas y el alcohol, o se ofusquen con su verba incontinente.

Un dato de clase: la gran mayoría, entre el 75% y 85% de los resultados de las encuestas en diarios digitales del país dicen que la “gente on line”, moderna y tecnológica, chicos cool y demás cursilerías de la tilinguería propia de los nuevos y viejos ricos -además de los muertos de hambre que aspiran a serlo- no lo quiere a Maradona. ¿Podría se de otra manera? ¿Si todo lo que huele a pueblo, popular, masa, entre otras calificaciones, es denostado por los webones?. Con tipos como Maradona la cosa es siempre igual: dividen aguas, no admiten términos medios: lo dejás o lo tomás, lo amás o lo odiás. Pero nunca podrán negar que el pibe de Fiorito es referente indiscutible del mejor fútbol mundial, símbolo de rebeldía globalizada que genera adhesiones cuasireligiosas, desde Pakistán a Georgia, Senegal y México.

El barrilete cósmico se agita, toca el cielo y lo penetra hasta confundirse con el mismísimo dios. Nuestra argentinidad al palo renace. Diego es droga tranquilizadora para las almas en pena que rehuyen al fútbol en el país del fin del mundo. Catastófricos y humanos, argentinos de pura sangre, mosto reposado para el mejor vino de consumo interno. El elixir del olvido. La pata de conejo. La cintita roja para la ojeadura nacional. Un diego vale más que diez dólares americanos. Solo aquí, en nuestra vapuleada nación, sube el diego más que el merval y el euro. Crack financiero allá y recuperación simbólica acá. Obamaradona de punta a punta para el renacimiento de los postergados. Una lágrima en el desierto que reproduce mares de emoción. Maradona es patria popular y antiimperialismo vivo en un tipo común que vengó en la ficción a nuestros pibes de Malvinas, frente a los ingleses invasores –a los ingleses Dios los ayudó siempre-. Dios existe en un solo lugar del globo, es argentino, y dirige la selección nacional de fútbol. ¿Qué más importa señoras y señores? El poeta de la zurda subió de los infiernos y arrastra tormentas de pasión. Contradictorio, gordito, morocho y de origen descamisado. Un recienvenido para el cipayismo oligárquico que gusta más de Beckam o Batistuta: gringos de allá y de aquí. Racismo de clase y estético de gente como uno.

Como muy bien lo representa Carlos Sorín en su film “El camino de San Diego”, todo mito representa un paradigma de sentido y orientación colectiva, construido por el imaginario social, en base a algún acontecimiento. El mito, no representa un reflejo mecánico de “lo real”, ya que éste se constituye más como “mediación simbólica” de la realidad que representación directa de la misma. Es a través del mito que nos identificamos, representamos y fundamentalmente nos comunicamos. Es un atributo de la especie humana esta capacidad de simbolización de la realidad, y no de otras especies.

Por lo tanto, contra aquellas posiciones positivistas del conocimiento, que niegan el carácter profundo del mito o minusvaloran estas formas culturales, debemos reconocer y afirmar que el mito, a la vez que integra, orienta, construye y proyecta a una sociedad o cultura determinadas. No obstante, todo mito no es sostenido desde las ideas puramente, sino además, a través de la materialidad de prácticas concretas, donde el mismo es refrendado en el tiempo, de generación en generación. El mito entonces tiene un carácter profundamente material y simbólico, y son las prácticas rituales las que permiten su durabilidad y vigencia, adaptando la referencia simbólica del pasado a sus contextos culturales presentes, a su momento histórico.
Hoy el mito renace, para la mayoría de los que funden paganismo y creencias oficiales en su cuenta espiritual, en su banco que no quiebra, en su fábrica de fantasías. ¿Cómo se vive sin fantasías?

Bienvenido Diego, el mejor opio para nuestro pueblo desencantado. Tu reino es de este mundo.

2 comentarios:

Nicole dijo...

Quien lo hubiera dicho hace un tiempo que este señor se iba a recuperar

HjorgeV dijo...

Don Tzol:

Usted se ha olvidado de los cronistas puros. De los que no tenemos que tomar partido por o contra Maradona porque lo nuestro es cronicar, ver, dejar constancia de lo que vemos. (Lo cual tampoco dice que no tengamos nuestro corazoncito que late y puede llegar a ser loco.)

¿Cómo decía Cortázar?
Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto.

Bueno, pues, me han gustado y fascinado sus palabras. Decir que Maradona es el desconcierto total, no sería exagerar.
Pero es un dios.
Y sería bueno que a los otros dioses también se le dedicaran artículos como el suyo, Tzol.

Saludos desde los arrabales de Colonia

hjorgev.wordpress